Panorama Suizo 4/2022

“Para escribir poemas, la fábrica está muy bien. El trabajo es monótono, se puede pensar en otras cosas y las máquinas tienen un ritmo regular que ayuda a contar los versos. Cuando un poema toma forma, lo escribo. Somos una decena de húngaros los que trabajamos en la fábrica. Nos reunimos durante la pausa del mediodía en la cantina, pero la comida que sirven es tan diferente de aquella a la que estamos acostumbrados que casi no comemos.” (De "La analfabeta", Obelisco 2006) gran cuaderno”, le sorprendió que no solo esta novela, sino también su segunda y tercera parte —“La prueba” (1988) y “Tercera mentira” (1991)— la convirtieran en una autora de éxito mundial, aunque en el fondo no trataba más que de la insoportable brutalidad de la existencia. En un lenguaje que, por el escaso dominio que tiene del francés, podría haber sido sacado de un libro de texto para principiantes y cuyo laconismo no transmite más que frialdad y vacuidad, Ágota Kristóf evoca la época opresiva que vivió de niña en Hungría: todo es gris, el blanco nunca aparece puro, los personajes son intercambiables, cambian de nombre, en su alma asfixiada no hay lugar para una palabra como el amor, los débiles infligen a otros el mismo dolor que les han causado los fuertes y desde el asesinato hasta el homicidio, pasando por la traición y el incesto, una y otra vez suceden las más atrocidades para las que no existe razón plausible alguna. Con sus traumas monstruosos y su crueldad bestial, esta trilogía – centrada en los gemelos Claus y Lucas, vinculados simbióticamente en situaciones cambiantes– emana los acentos de algún arcaico mito que se echa en falta en una novela posterior ambientada en el Jura, “Hier” [“Ayer”], de 1995. La literatura suiza no ofrece nada comparable, pero sí Kafka, Daniil Charms, Beckett o precisamente esa cruda desesperanza que sugieren las últimas frases de la trilogía: “Cuando muera mi madre, ya no me quedará ninguna razón para seguir. El tren es una buena idea”. Las obras de Ágota Kristóf están disponibles en alemán como l ibros de bolsi l lo de Piper, en francés en Éditions du Seui l , París, y algunas en español en Libros del Asteroide, Barcelona. CHARLES LINSMAYER ES FILÓLOGO Y PERIODISTA EN ZÚRICH CHARLES LINSMAYER En Suiza no se han escrito libros que traten la guerra de forma tan frontal, cruel y brutal, pero con un lenguaje inconfundible, como lo hace Ágota Kristóf (1935-2011) en su trilogía “El gran cuaderno” / “La prueba” / “Tercera mentira”, testimonio desgarrador de aquello que los seres humanos desprovistos de toda humanidad pueden infligir a los demás. Guerra, terror y huida Nacida el 30 de octubre de 1935 en Csikvánd (Hungría), Ágota Kristóf tenía nueve años cuando las tropas alemanas invadieron su país: justo la misma edad que los dos gemelos a los que, en su trilogía, haría vivir la guerra y, posteriormente, el estalinismo. Siendo estudiante de secundaria, se enamoró de su profesor de Historia, y con él y su hija pequeña huyó a Austria para refugiarse de la invasión rusa tras el levantamiento húngaro. “Dejé en Hungría mi diario escrito en clave”, recordaría más adelante; “también dejé mis primeros poemas. Dejé a mis hermanos y a mis padres, sin avisar, sin despedirme de ellos. Pero, sobre todo, aquel día, a finales de noviembre de 1956, dejé de pertenecer a un pueblo”. Obrera en una fábrica de relojes De Austria viajó a Suiza, donde encontró trabajo en una fábrica de relojes de Neuchâtel. Aprendió francés y retomó sus ensayos literarios en esta lengua. Sin embargo, hasta el final de su vida se referiría al francés como una “lengua enemiga”. Porque pese a la ayuda de un diccionario que consultaba una y otra vez, nunca logró escribirlo sin errores. “Esta lengua, decía, está matando a mi lengua materna”. Y aunque los medios de comu- “El francés está matando a mi lengua materna” La singularidad lingüística de los textos de Ágota Kristóf sobre la guerra, el asesinato y el homicidio puede explicarse por el hecho de que para ella el francés fue una “lengua enemiga” hasta el final de sus días. nicación le prestaban poca atención, se dio a conocer al público gracias a las obras de teatro y piezas radiofónicas montadas por compañías de aficionados en Neuchâtel o difundidas por Radio Suisse Romande. Un éxito mundial inesperado Cuando Éditions du Seuil, en París, publicó en 1986 su debut en prosa, “El Ágota Kristóf (1935-2011). Foto: Yvonne Böhler Panorama Suizo / Agosto de 2022 / Nº4 28 Literatura

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