Panorama Suizo 5/2023

nio puede disolverse al cabo de cinco años. Todo el mundo trabaja 25 horas semanales y dedica el resto de su tiempo a perfeccionar alguna habilidad artística. En todo el planeta, la protección de la naturaleza tiene absoluta prioridad en parajes no degradados por la expansión urbana, y las ingentes necesidades de energía eléctrica que se requieren se satisfacen gracias a centrales hidroeléctricas, solares, eólicas y mareomotrices. En esta sociedad emancipada está garantizado “el pleno desarrollo de la personalidad”, incluso para la mujer, sea madre o no. Un destino truncado “Die Sonnenstadt” era una especie de evangelio, pero el mundismo no encontró ni un solo discípulo. Los 40 000 ejemplares enviados desencadenaron una hostil campaña de prensa, y en 1924 Vetsch tuvo que declararse en quiebra. Cuando la familia de su esposa quiso internarlo por perturbado mental, renegó de su doctrina; se trasladó a Liechtenstein y luego, en 1934, a Oberägeri, donde llegó a ser alcalde y falleció en 1942, sin haber vuelto a publicar una sola línea. “Un pueblo sin nadie que salga del montón por sus ideas es como una sopa sin sal”, declaró Walter Robert Corti, fundador de la Aldea Infantil Pestalozzi de Trogen, en referencia al destino de Vetsch. “Individuos como él sufren más que la gente normal, pero siempre hay algo que aprender de sus visiones”. BIBLIORAFÍA: “Die Sonnenstadt” se publicó por última vez en 1982 en la edición Ex Libris “Frühling der Gegenwart” [“La primavera del presente”]. Aún pueden encontrarse algunos ejemplares en anticuarios. CHARLES LINSMAYER ES FILÓLOGO Y PERIODISTA EN ZÚRICH CHARLES LINSMAYER En 1923 apareció en Zúrich “Die Sonnenstadt. Ein Roman aus der Zukunft für die Gegenwart” [“La ciudad del sol. Una novela del futuro para el presente”]. Su autor era un tal “Mundus”, que se identificaba al final del prefacio como “J. Vetsch, Doctor en Derecho y Filosofía”, “para brindar una referencia provisional a la añorada comunidad de pensadores con ideas afines”. Jakob Vetsch, nacido en 1879 en Nesslau (SG), estudió Filología Germánica y Derecho. En 1916 ocupó el cargo de Secretario de la Asociación de Cerveceros Suizos y en 1918 se casó con la hija de un importante accionista de este ramo. Y, como él mismo dijo sarcásticamente, habría disfrutado de una “plácida y honrosa vejez en un feliz círculo familiar, laureado por cargos administrativos bien remunerados y con un futuro asegurado”, si no hubiera renunciado a todo ello con su novela. Los profesores, políticos y pastores a quienes Vetsch obsequió su libro se quedaron pasmados ante la impotente rabia con la que el administrativo de una asociación empresarial atacaba a la economía capitalista. No podían saber que Vetsch había sido presionado por su futuro suegro, a cambio de una “indemnización” millonaria, para que se casara con su hija, que padecía una enfermedad hereditaria, y criara con ella un hijo también discapacitado... El mundismo de Vetsch es una utopía mundial de corte urbanista. En 2100, la Tierra está dividida en cinco “países” (Europa, Asia, América, África y Australia) y 25 000 ciudades. Cada país está gobernado por veinte sabios y un padre de la patria, mientras que el gobierno mundial está formado por cincuenta diputados de estos países. La historia se desarrolla en la ciudad del sol, Zúrich, cuyo esUn utopista que se adelantó cien años a su tiempo La novela utópica de Jakob Vetsch “Die Sonnenstadt”, publicada en 1923, anticipaba mucho de lo que hoy reclamamos con urgencia. tilo de vida se ilustra con una historia de amor. Se ha abolido el dinero, y todo el mundo tiene lo que necesita. Todos son “estudiantes” durante décadas, pero devuelven este privilegio realizando trabajos temporales que no pueden imponerse a nadie de por vida. La sexualidad está desligada de las ataduras del matrimonio, el control de la natalidad y la contracepción están a cargo del Estado; el matrimo- “Entonces se levantaron algunos hombres, con el corazón compungido por la miseria en el mundo. E identificaron el mayor obstáculo para la fraternidad mundial, y lo llamaron por su nombre: dinero y capitalismo. Y lo proclamaron sin rubor, aun a riesgo de ser tachados de comunistas. Se levantaron en todos los rincones de la tierra, y de todos ellos se apoderó la unidad del mundo y de la humanidad. Se llamaron a sí mismos y a sus seguidores “mundistas”; su objetivo era un Estado mundial y una administración planetaria”. (Jakob Vetsch, “Die Sonnenstadt”, publicado por último en la editorial Ex Libris, Zúrich, agotado) Jakob Vetsch (1879-1942) Panorama Suizo / Octubre de 2023 / Nº5 20 Literatura

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