Panorama Suizo 3/2025

Escuchar música rap equivale a sintonizar la voz de los jóvenes de un país. Así lo pudimos comprobar con el debut del rapero ginebrino Mairo: “LA FIEV”. Este título se inspira en Fièvre à Colombus University, versión francesa de una película estadounidense de 1995 protagonizada por estudiantes blancos y negros que se enfrentan a problemas de dinero, seguridad y sexualidad. Para Mairo, el término “fiev” es sinónimo de conciencia. Mario nació con el nombre de Romai Tesfaldet en la ciudad de Neuchâtel, el 5 de julio de 1995. Su padre, originario de Eritrea, había llegado a Suiza como refugiado, antes de encontrar empleo como trabajador social. Más tarde llegó a ser propietario de un pequeño restaurante en Ginebra, donde conoció a su mujer, una educadora de enseñanza preescolar, también eritrea. Hace unos meses, el rapero estrenó su primer disco en el mesón de papá, el Meskerem. “La gente formaba una fila de al menos 200 metros”, recuerda el padre, emocionado. Su vástago tentaba el micrófono siendo aún adolescente, antes de comenzar una formación en ingeniería de sonido. La producción de Mairo cautiva al público y recibe críticas elogiosas de la prensa. “Mairo trabaja, principalmente, en un estudio que se montó él mismo. Esto le permite crear a su antojo”, señala la revista del sitio web www.hytrape.com. El rapero, establecido en Ginebra y París, forma un tándem artístico con su “hermano” Hopital, quien se ocupa de confeccionar los sonidos, los ritmos y las mezclas musicales, además de ser el productor de su álbum. En sus textos, Mairo parte de un detalle para abordar una cuestión social. “Le llevaré los fajos atados como un ramo de flores”, recita, preocupado por las intenciones de la gente del mundo del espectáculo. “Quieren que seas su gallina de los huevos de oro”, dice. El artista, que lanzó su carrera como rapero del colectivo ginebrino SuperWak Clique, no vacila a la hora de mostrar sus heridas más personales. “Jamás hubiese pensado que los padres pudiesen vivir separados, incluso odiarse a muerte”, canta en Paramount. “Abrázame, mamá”, pide Mairo a su madre, que duerme en el sofá del salón. El ritmo es rápido y la elocución, perfecta. La letra contiene claves y elipsis. Poco importa, pues prima el sonido de las palabras. En una composición resuena una canción popular eritrea de los años sesenta. Y en otra pieza crepita radio Londres sobre un fondo de rap. “Cuando te dan la palabra, ya no puedes quedarte callado”, advierte el artista en Antidote ou venin [“Antídoto o veneno”], una de las trece canciones de esta obra de rap suiza. STÉPHANE HERZOG Instagram: www.instagram.com/mairoxtrm/ Su padre era ingeniero, ella nació en una central nuclear, siendo hija de “una madre de carácter fuerte y orgulloso y de un posible canalla” que trabajaba como especialista en generadores en la central nuclear de Kori (Corea del Sur), donde había conocido a su madre. Corría entonces el año de 1977. Pero semanas después de la puesta en marcha de la planta y del nacimiento de su hija, se escabulló sin dejar rastro. Cuarenta años más tarde, la narradora sale en busca de su progenitor, cuya ausencia ha activado su “reactor anímico”, según afirma metafóricamente. Sin embargo, su sistema de refrigeración impide que su corazón sufra una “fusión nuclear”. Retoma el rastro de su padre en Gales, región que lo vio crecer, lo sigue hasta Asia Oriental y finalmente llega a Monroe (Míchigan). Aquí, su padre estuvo trabajando en el reactor Enrico Fermi 2, que se averiaba una y otra vez, debido justamente al mal estado de sus generadores. La narradora describe estos problemas con indulgente suficiencia. La novela Generator, de Rinny Gremaud, es una obra sorprendente, llena de reflexiones críticas, en la que se entremezclan biografía e historia de la tecnología. Rinny Gremaud que, al igual que su narradora, nació en Corea, se acerca a la figura paterna a través de los procedimientos y consecuencias de su quehacer como ingeniero nuclear, que describe con pericia técnica. En su viaje, se topa una y otra vez con una devastadora realidad industrial que la conmueve. Esta monstruosa forma de energía no respeta ni a las personas ni a la naturaleza. Por eso, ella se empeña en combatirla a través de una ficción literaria que le sirve para recomponer los fragmentos de la vida de su progenitor. “Podría haber preguntado a mi madre”, escribe, “pero prefiero inventármelo todo yo misma”, para que a los implicados les queden “espacios de retiro, lugares de refugio y zonas grises”. De este modo, la narradora evita incurrir en un tono aleccionador y, al mismo tiempo, mantiene las riendas de su novela, a caballo entre ficción y realidad. Rinny Gremaud cuenta su historia, en la que resuenan experiencias personales, a veces con precisa sobriedad, otras con humor y sutil ironía. De vez en cuando se desahoga con comentarios cáusticos y maliciosos que destilan dolor. Ese sutil juego de emociones confiere al lenguaje de su obra un colorido muy particular, de gran belleza. Al final de la novela, la narradora se encuentra ante la puerta de su progenitor, de 82 años, y le da la espalda. Ya sabe lo suficiente. BEAT MAZENAUER “Abrázame, mamá” Fisión en una familia nuclear MAIRO: “LA FIEV” 2025 Label Monde Libre RINNY GREMAUD: “Generator”, novela. Sabine Wespieser Éditeur. 238 páginas, CHF 36.– (disponible también en alemán y próximamente en inglés) Panorama Suizo / Julio de 2025 / Nº3 23 Leído Oído

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