Panorama Suizo 5/2025

tuna: siendo viudo con varios hijos a su cargo, llegó a trabajar al Mattelift por una afortunada coincidencia. Mientras nadaba en el río Aar, un compañero le gritó desde la orilla que estaba trabajando como ascensorista. “Eso me galvanizó”, comenta Peter; y esa misma noche decidió que él también sería ascensorista. Desde entonces, Peter y el Mattelift se han vuelto compañeros inseparables. Parece evidente que este trabajo lo hace feliz. “Es mucho más que un ascensor, mucho más”, asevera. Y en su afán por captar toda la esencia del Mattelift, empezó a fotografiarlo a cualquier hora del día y en cualquier temporada del año, desde todos los ángulos posibles. Y cada pocos meses diseña un cartel. El más reciente, expuesto en la estación inferior, se titula “El ascensor de los girasoles”. El Mattelift es más que un ascensor: esto es especialmente cierto para los vecinos de Matte, quienes lo utilizan a diario. Para algunos de ellos, sobre todo las personas mayores, sus operadores y operadoras son auténticas figuras de referencia, cuenta Peter. “Siempre estamos dispuestos a entablar una conversación; para algunos, somos los únicos con los que mantienen un contacto regular”, dice Peter. “Nos percatamos de cómo está la gente”, si está preocupada o de buen humor, afirma. Y si notamos que a alguien le faltan las fuerzas, “al salir lo ayudamos un par de metros con las bolsas de la compra”. Para Peter, el Mattelift es como un faro que ilumina el barrio, especialmente en invierno, cuando al amanecer aún está todo a oscuras. Cuando el ascensor se pone en marcha a las seis de la mañana, se enciende una luz arriba: “A partir de ese momento, todo el mundo sabe que uno de nosotros está ahí”. mente baños públicos llegaron a convertirse en prostíbulos. “Los ricos se opusieron al ascensor, porque no querían codearse con la gente de Matte”, nos comenta Peter. Probablemente no le falte razón, puesto que, en un estudio sobre los inicios del Mattelift, el historiador Stefan Weber describe la intensa oposición que suscitó este proyecto; afirma que no es descabellado pensar que los habitantes de los barrios altos de la ciudad menospreciaban a los de Matte, aunque no lo manifestaran explícitamente: se decían preocupados de que el ascensor afeara la plataforma de la catedral, esa “joya de la ciudad de Berna”, y “perturbara seriamente” su preciado entorno. Aquellos tiempos han quedado atrás: el ascensor de Matte terminó siendo bien recibido porque era símbolo de progreso. Las diferencias sociales se han reducido considerablemente desde entonces, afirma Peter. Hoy, en el barrio de Matte también vive gente acomodada, y eso “gracias a la gentrificación”, dice Peter con su característica ironía. Peter lleva cinco años operando el Mattelift. “Nos turnamos siete hombres y dos mujeres, todos jubilados”, explica. Peter trabaja entre siete y ocho jornadas al mes. Siempre le ha gustado conversar con la gente. Antes, cuando era periodista, era él quien se acercaba a los demás; pero “ahora, son ellos los que vienen a mí”. Su historia ya la ha contado una vez a la revista suiza Beobachter. Peter es todo un filósofo. Suele decir que el ascensor tiene mucho parecido con la vida real: a veces sube y a veces baja. Su propia vida no ha estado exenta de golpes del destino: hace diez años falleció su esposa; pero también ha habido lances de forDesde un punto de vista jurídico, el Mattelift es un funicular; un funicular que, por supuesto, todo el mundo identifica como un ascensor. Fotos Peter Maurer Peter Maurer lo afirma: “El Mattelift es mucho más que un simple ascensor”. Y para muchos vecinos del barrio, él es, a su vez, mucho más que un simple ascensorista. Foto Marc Lettau En nuestra edición en línea encontrará toda una serie de fotos del ascensor de Matte, tomadas por Peter Maurer: www.revue.link/ascensor Panorama Suizo / Diciembre de 2025 / Nº5 17

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