Panorama Suizo 5/2025

ROGER SIDLER En 1953, Heini Hediger, Director del zoológico de Basilea y destacado zoólogo, se dirigió al Consejo Federal a través del ensayo “Nutrias y consejeros federales”, agradeciéndole la revisión de la Ley de Caza recién promulgada. Esta fecha marcó un hito: la nutria, al igual que otras especies, como la alondra o el águila real, dejó finalmente de ser un animal ferozmente perseguido para convertirse en una especie protegida. Sin embargo, esta medida llegaba muy tarde para la nutria, la cual, para entonces, se encontraba prácticamente extinta. La nutria, sentenciada a muerte Hediger siempre consideró un grave desacierto la Ley de Caza del año 1888, cuyo artículo 22 rezaba: “Deberá promoverse en la medida de lo posible el exterminio de nutrias, garzas y otros animales especialmente dañinos para la pesca.” De ahí que la ley también previera generosas primas por cada animal abatido: 20 francos en San Galo, 15 en Berna y 40 en Vaud. A estas jugosas “recompensas” a menudo se agregaban subvenciones de las asociaciones pesqueras cantonales y locales, ya que los cazadores mostraban poco interés por las nutrias: preferían cazar ciervos, corzos y jabalíes por su carne. Mientras que en los años 1890 aún se cazaban entre cien y ciento cincuenta nutrias al año, en la Segunda Guerra Mundial esta cifra bajó a menos de diez. En 1932, las autoridades abonaron la última prima por abatimiento: debido a la falta de animales, el incentivo financiero había perdido su razón de ser. A mediados del siglo XX, las nutrias habían desaparecido por completo de la región. Una cría abandonada El compromiso de Heini Hediger a favor de la fauna suiza comenzó con el triste destino de una entrañable nutria llamada Peterli. De 1938 a 1944, Hediger dirigió el zoológico Dählhölzli de Berna, donde se encariñó con esta nutria. Durante todo un verano, Peterli causó un auténtico revuelo en Dählhölzli, para gran satisfacción de Hediger, quien no podría haber soñado mejor publicidad para su zoológico. ¿Pero cómo llegó Peterli a Dählhölzli? En junio de 1938, el guardián jefe del zoológico, Werner Schindelholz, se topó, durante un paseo a lo largo del río Aar, con una cría de nutria ciega, que no podía tener más de unos días de vida, según relató él mismo. Normalmente, las crías abren los ojos a los treinta días de haber nacido, y no suelen abandonar sus madrigueras antes de transcurridas diez semanas. Por lo tanto, parece poco probable que Schindelholz encontrara la cría abandonada al borde del camino. Más probable es que el guardián y experimentado cazador la descubriera en su Primero aplaudida, luego envenenada: el triste destino de la nutria Peterli, mascota del zoológico de Berna La historia de Peterli es representativa del trato que solía brindarse a los animales silvestres en Suiza: hasta mediados del siglo XX, la nutria se consideraba como un voraz depredador de peces y se perseguía sin piedad. Esta mala reputación le costó la vida a Peterli, la entrañable mascota del zoológico Dählhölzli de Berna, convirtiéndola en testigo de su época. madriguera, y como llevaba ya toda su vida anhelando encontrar algo así, se llevó a casa a la nutria, que pesaba 220 gramos y medía menos de veinte centímetros; le puso el nombre de “ Peterli”, es decir, “Pedrito”; el animal creció y prosperó. En otoño de 1938 se rumoreaba en Berna que una nutria salía a pasear acompañada de un hombre, a quien obedecía como un perrito. Schindelholz se llevaba a Peterli hasta en el autobús: el hecho está comprobado; en cambio, lo que no se puede comprobar con certeza es si la nutria llegó a ponerse en el regazo del Consejero Federal Giuseppe Motta, tal y como afirma Hediger en sus memorias. A principios de 1939, Schindelholz entregó su nutria al zoológico, donde se convirtió inmediatamente en una estrella. Peterli era la gran atracción del zoológico: todas las tardes, la nutria amaestrada se dirigía a la fuente del restaurante Dählhölzli, donde una multitud la aguardaba. Con una elegancia y destreza dignas de una bailarina giraba en el agua, ejecutaba malabarismos con una pelota, atrapaba peces en el aire y los devolvía. A continuación, Schindelholz la conducía a un recinto de hormigón, con agua y piedras. Terrones de azúcar y hojas de afeitar Pronto, el zoológico tuvo que afrontar el lado oscuro de la fama de Peterli. Dado que su estanque se encontraba en la zona de libre acceso del parque, la nutria quedaba a merced de los caprichos del público, que intentaba tomar el pelo al animal con bolsos, sombreros, paraguas y palos; los visitantes le arrojaban juguetes y otros objetos que a menudo eran peLa nutria Peterli, cuando aún no había alcanzado la edad adulta, en brazos de un joven visitante del zoológico. Foto Heini Hediger, 1938/1939 Panorama Suizo / Diciembre de 2025 / Nº5 20 Naturaleza y medio ambiente

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