Panorama Suizo 5/2025

ligrosos para la nutria. Ni el cerco improvisado de alambre ni los paneles de aviso lograron disuadir a los visitantes, por lo que el parque tuvo que tomar cartas en el asunto, demandando a los más atrevidos, lo cual no hizo sino generar descontento entre la ciudadanía. Por su parte, el representante del Gobierno municipal encargado del zoológico expresó su malestar ante el revuelo que causaba Peterli, exigiendo que se pusiera fin a sus actuaciones. Sin embargo, el Director del zoológico, Hediger, hizo oídos sordos. Finalmente, fue la biología la que contribuyó a calmar los ánimos: al alcanzar la madurez sexual, Peterli, con más de un año de edad, empezó a mostrarse menos obediente. Aunque se había vuelto más salvaje, la nutria seguía acercándose cuando Hediger la llamaba por su nombre. Seguía deleitando al público, que no dejaba de arrojarle todo tipo de objetos al estanque: entre otros, bocados exquisitos, como terrones de azúcar, aunque también peligrosas hojas de afeitar. La noche del 5 de diciembre de 1941, un cebo envenenado acabó en el estanque. A la mañana siguiente, los guardianes encontraron a Peterli sin vida en su guarida. La noticia corrió como la pólvora. El periódico Der Bund publicó una nota necrológica sobre ese “alegre y juguetón compañero”. Refuerzos desde Varsovia Ya una de las dos nutrias predecesoras de Peterli, adquiridas por 550 francos para la inauguración del zoológico en 1937, había desaparecido sin dejar rastro. En general, los parques zoológicos no eran en absoluto un lugar seguro para los animales silvestres. De hecho, en 1951, el zoológico de Zúrich denunció, por tercera vez consecutiva, un ataque mortal contra las nutrias por parte de los visitantes. En uno de estos incidentes, uno de los animales había muerto a pedradas. Tras la muerte de Peterli, Berna renunció temporalmente a tener nutrias. No fue hasta 1949 cuando se buscó un ejemplar para el nuevo cercado de nutrias, situada en el bosque detrás del vivario, en la zona protegida de Dählhölzli. Al no encontrar ningún ejemplar en el país, la Directora del zoológico, Monika Meyer-Holzapfel, tuvo que traer en avión desde Varsovia al sucesor de Peterli. Un animal cazado, pero apenas estudiado El triste destino de Peterli motivó a Hediger a abogar con ahínco en favor de las nutrias. En publicaciones y programas de radio salió en defensa de estos animales, injustamente tachados de depredadores de peces. Logró desmontar el mito de que devoraban los peces a raudales y cazaban por puro placer asesino. En el zoológico de Basilea, las nutrias consumían una media de 600 gramos de alimentos al día, y no kilos y kilos de pescado, como pretendía la prensa. También comían ranas, cangrejos de río, ratas, Este diorama, creado a finales de los años 1930 en el Museo de Historia Natural de Berna, ilustra la visión que se tenía entonces de la nutria: un voraz depredador de peces. Foto Keystone Cada animal abatido significaba una jugosa recompensa: el cazador Rudolf Plattner con una nutria abatida en Reigoldswil (1927). Foto procedente del Archivo Cantonal de Basilea-Campiña, StABL PA 6181 02.01 ratones y aves acuáticas. Cuando la nutria fue declarada especie protegida en Suiza, Hediger daba por hecho que esta especie se había extinguido, a excepción de unos pocos ejemplares. Lamentó que se hubiera desaprovechado la oportunidad de averiguar más sobre estos animales. Por ejemplo, Hediger desconocía la razón por la que las nutrias no se reproducían en cautividad. En aquel entonces, los conocimientos sobre la fauna autóctona eran escasos. Panorama Suizo / Diciembre de 2025 / Nº5 21

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