Panorama Suizo 5/2025

Intente tocar la Sonata para piano número 1 de Beethoven de tal modo que se note que su compositor aún tiene un pie en el siglo XVIII, pero que los oyentes comprendan que se revelará en toda su magnitud en el siglo XIX: esta es la proeza que Ilya Shmukler logró, y en directo. Es más: la grabación, que ahora presenta en CD, la realizó durante la primera ronda del Concurso Géza Anda de Zúrich en 2024, cuando los pianistas se comían las uñas de puro nerviosismo porque tenían que acudir a tocar a alguno de los lúgubres salones del conservatorio de Zúrich. Shmukler no se dejó impresionar: cautivó al público. Luego llegó la semifinal: en Winterthur, las eliminatorias languidecían en una calurosa noche de junio, pese a la batuta de Mikhaïl Pletnev, presidente del jurado y pianista virtuoso. Hasta que llegó Shmukler e interpretó el Concierto para piano número 17 de Mozart, también una obra de transición: compuesta en 1784, esta obra dejaba entrever el glorioso Concierto en re menor que cristalizaría un año más tarde. Shmukler supo plasmar esa ambivalencia con tal brío, que para el público en el Palacio municipal de Winterthur quedó claro que debía llegar a la final y que, tras el concierto en la Tonhalle de Zúrich, el ganador del certamen se llamaría Ilya Shmukler. La Fundación Géza Anda se creó en 1978 en memoria del pianista húngaro-suizo Géza Anda (fallecido dos años antes), por iniciativa de su acaudalada viuda, Hortense Anda-Bührle. Desde 1979, el concurso se celebra cada tres años. Sin embargo, lo sorprendente o significativo es que sus ganadores nunca fueron grandes figuras del mundo de la música: grandes pianistas como Bruce Liu o Daniil Trifonov, por ejemplo, consiguieron el estrellato en otros concursos. Lo que distingue a este certamen es el apoyo que brinda a sus ganadores, para quienes la fundación Géza Anda organiza gratuitamente conciertos durante tres años en Europa, Sudamérica y Asia. Entre los galardonados más conocidos se encuentran Konstantín Scherbakov, Alekséi Volodin, Nikolái Tokarev y Dénes Várjon. A estos prestigiosos nombres hay que agregar ahora el de Ilya Schmukler, nacido en Moscú en 1994. “The Winners Recital” nos permite volver a escuchar las piezas que Ilya Schmukler tocó en el certamen: obras de Beethoven, Schubert, Liszt, Bartók y Stravinski. Y nos permite también maravillarnos ante la interpretación de este prodigio del piano, del que mucho se hablará en el futuro. CHRISTIAN BERZINS En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, ocultó a judíos perseguidos en su residencia diplomática de Budapest; fue torturado por los fascistas húngaros y, luego, deportado por los rusos. La vida del bernés Harald Feller parece de película, pero su historia la conocen muy pocos. Un nuevo libro del historiador François Wisard, publicado en alemán y francés, pretende hacerle justicia: relata los acontecimientos de forma objetiva, basándose en fuentes documentales. De 1943 a 1945, siendo aún un joven jurista, Feller trabajó en la legación suiza de Budapest. Allí vivió la ocupación alemana, la toma del poder por los nazis húngaros y la sangrienta batalla por la ciudad, que culminó con la victoria del Ejército Rojo. Permaneció en la embajada y terminó encargándose de su gestión. Es un hecho conocido que, desde 1944, la legación (oficialmente neutral) dirigida por el Vicecónsul Carl Lutz, impidió la deportación y la muerte de decenas de miles de judíos mediante la expedición de salvoconductos (véase Panorama, 3/2023). Feller se unió a esta heroica acción y salvó al menos a 32 personas. A algunas les proporcionó documentos para salir del país y facilitar su tránsito, a otras les dio refugio en su residencia. Al hacerlo, no solo incumplió las instrucciones de servicio, sino que también asumió grandes riesgos personales. A finales de 1944 lo interrogaron y maltrataron los nazis húngaros, y en febrero de 1945 lo secuestraron los servicios secretos soviéticos para utilizarlo como moneda de cambio en sus negociaciones con Suiza. Tras un año de cautiverio en Moscú, fue intercambiado por prisioneros rusos. A su regreso, se enteró de que se había iniciado un procedimiento judicial en su contra. Las autoridades suizas estaban llevando a cabo diligencias por su presunta colaboración con los nazis. A pesar de que las inculpaciones resultaron infundadas, Feller nunca llegó a ser rehabilitado oficialmente. A diferencia de Carl Lutz, que luchó por su reconocimiento hasta su muerte en 1975, Feller se retiró discretamente. Ejerció de fiscal en Berna y, tras jubilarse, se dedicó con entusiasmo al teatro. A mediados de los años 1990, Eva Koralnik se puso en contacto con él. Ella era una niña cuando Feller la ayudó a escapar a Suiza con su madre y su hermana. Y en 1999, a petición de Koralnik, el centro conmemorativo del Holocausto Yad Vashem honró al suizo, entonces ya con 86 años, como “Justo entre las Naciones”. Feller falleció en 2003. Si bien sus experiencias son únicas en la diplomacia suiza, nunca pensó en escribir sus memorias: afirmaba haber cumplido estrictamente con sus obligaciones. SUSANNE WENGER Y de repente... ¡la magia! Harald Feller, el discreto héroe bernés ILYA SHMUKLER “The Winners Recital” Prospero 2025 FRANÇOIS WISARD “Harald Feller – Retter von Verfolgten, Gefangener von Stalin. Die Leben eines Schweizer Diplomaten in Budapest”. Editorial Elfundzehn, 2025. 250 páginas, CHF 29.80 Panorama Suizo / Diciembre de 2025 / Nº5 23 Leído Oído

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