Al parecer, Estados Unidos ha empezado a reconocer que Suiza tiene algo que ofrecerle: Suiza ahora forma parte de un grupo de quince países con los que Washington desea firmar un acuerdo comercial prioritario. En el marco de estas negociaciones, el Gobierno suizo podría, por ejemplo, introducir en la ecuación nuevas inversiones directas de empresas suizas en EE. UU. por valor de unos 150 000 millones de francos suizos. Aproximadamente la mitad de esta cifra procedería de Novartis y Roche. Margen de maniobra con el aguacate y las almendras Suiza también podría asegurarse la buena voluntad de EE. UU. estrechando su cooperación con este país en materia de aprendizaje. El propio Trump anunció recientemente una iniciativa de formación profesional. Sin embargo, lo que se está negociando realmente son los aranceles, las barreras comerciales no arancelarias como cuotas, subsidios e impuestos y el comercio de bienes. A Keller-Sutter le gustaría eliminar por completo la “imposición arancelaria básica”, que sigue aplicándose a todas las importaciones, a pesar de su aplazamiento. Sin embargo, el Consejo Federal difícilmente podrá evitar hacer concesiones en materia agrícola. Según la Confederación, existe margen de negociación sobre productos como las almendras y los aguacates, que no produce Suiza. El siguiente paso será una declaración conjunta de intenciones, que aún no estaba disponible al cierre de esta edición, a finales de mayo; después de esto deberían comenzar las negociaciones. Sin embargo, en vista de los numerosos vuelcos y sorpresas a los que acostumbra la Casa Blanca, incluso este calendario aproximado debe considerase con cautela. ses, que presenta mucho paralelismo. Así, cuando Estados Unidos adoptó una nueva Constitución en 1776, se inspiró, entre otros, en pensadores suizos. Y más tarde, cuando Suiza se constituyó como Estado federal, adoptó conceptos clave de Estados Unidos, desde los derechos humanos hasta el sistema parlamentario bicameral. Sin embargo, estas similitudes en la forma de concebir el Estado y la responsabilidad individual acaban cuando las cosas se ponen difíciles: Estados Unidos recurre implacablemente a la ley del más fuerte para hacer valer sus intereses. Esto se evidenció ya inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington presionó a Suiza para que pagara indemnizaciones por su connivencia con la Alemania nazi. Asimismo, en los años noventa Suiza fue duramente criticada por retener los activos no reclamados y el oro saqueado durante la época nazi. Bajo una gran presión internacional, UBS y Credit Suisse acordaron compensar a las víctimas del Holocausto o a sus descendientes con 1 250 millones de dólares. Suiza también sufrió de lleno la influencia estadounidense en lo que respecta al secreto bancario: en 2008, se vio obligada a relajar el secreto bancario y entregar los nombres de miles de sospechosos de fraude fiscal a las autoridades tributarias estadounidenses. Entrevista telefónica con Trump Suiza siempre ha salido airosa de la presión ejercida por su hermana mayor de ultramar. Y es probable que lo mismo ocurra con la disputa en torno a los aranceles. EE. UU. es actualmente el país más importante para las exportaciones suizas, incluso por delante de Alemania. Después de que al principio el Gobierno suizo solo tuviera acceso a funcionarios de bajo nivel en Washington, ahora se ha establecido la conexión con la Casa Blanca. En una entrevista telefónica con Trump, la Presidenta tendió la mano para desactivar el conflicto comercial. Poco después, Trump anunció que suspendería durante 90 días los aranceles impuestos a todos los socios comerciales. A pesar de la clara correlación de fuerzas, Suiza no desea ser percibida como un país que ruega asistencia a Trump, que ya se ha burlado de los políticos extranjeros que imploraban un acuerdo. El Presidente solo acepta la fuerza, desprecia la debilidad. Suiza tiene sus bazas: las empresas suizas son las cuartas inversoras extranjeras en producción industrial, e incluso las primeras en investigación y desarrollo. Los políticos también han considerado públicamente retirarse del acuerdo con EE. UU. sobre aviones de combate. El Ministro de Economía, Guy Parmelin, y la Presidenta Federal, Karin Keller-Sutter, al día siguiente del anuncio de los aranceles. Sus rostros reflejaban la consternación en Berna. Foto Keystone “Día de la liberación” es el nombre dado por Trump al día de los anuncios arancelarios. Aunque en un principio adoptó una postura sorprendentemente dura hacia Suiza, Trump se dice dispuesto ahora a dialogar. Foto Keystone Panorama Suizo / Julio de 2025 / Nº3 15
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