CHRISTOF FORSTER Los rostros de la delegación del Consejo Federal reflejaban su enorme disgusto tras el anuncio de los aranceles estadounidenses. A principios de abril, la Presidenta de la Confederación, Karin Keller-Sutter, y el Ministro de Economía, Guy Parmelin, comparecieron ante los medios de comunicación para explicar la reacción del Consejo Federal. Dijeron que se abstendrían de tomar medidas de represalia. El día anterior, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había anunciado sus aranceles a bombo y platillo en la Rosaleda de la Casa Blanca. Para las importaciones procedentes de Suiza fijó un exorbitante arancel del 31 %, con excepción (hasta ahora) de los productos farmacéuticos. Justificó esta medida por supuestos métodos comerciales desleales y manipulación de divisas. Según percepción de los suizos, la situación se vio agravada por el hecho de que Suiza y Liechtenstein fueron los más afectados del viejo continente en ese mes de abril. En cambio, la UE, por la que se asumía que el Presidente estadounidense tenía escasa consideración, solo fue golpeada con un arancel del 20 %. En unos instantes se hizo añicos la creencia en el caso especial de Suiza. Durante mucho tiempo, Suiza pensó que iba sobre seguro y esperaba salvarse de los elevados aranceles; no le faltaban motivos para ello: Suiza prácticamente no aplica aranceles a las importaciones estadounidenses. El superávit de exportación de mercancías es relativamente elevado, debido sobre todo a las exportaciones de productos farmacéuticos a EE. UU. Sin embargo, Berna dice que si se aplica un enfoque integral habría que incluir el comercio de servicios. Y en este ámbito Estados Unidos está claramente por delante. Además, las empresas suizas invierten mucho en Estados Unidos. Suiza ocupa el sexto lugar. Visto así, los aranceles contra Suiza parecen “casi un accidente laboral”, como declaró a los medios una representante federal, algo perpleja. Armonía durante el primer mandato Es probable que la relación más bien armoniosa entre Berna y Washington durante el primer mandato de Trump haya contribuido a generar inicialmente una sensación positiva. Apenas unas semanas antes de la fría ducha arancelaria, la empresaria y Consejera Nacional de la UDC MagdaTrump y Suiza: aranceles, disputas... y voluntad de diálogo Durante mucho tiempo, Suiza creyó estar a salvo. Pero, de repente, le cayó encima el inesperado mazazo arancelario de Trump. Las autoridades suizas se mostraron sorprendidas y decepcionadas por la “república hermana”. lena Martullo-Blocher afirmó que a Trump le encantaba Suiza; y que Suiza pronto tendría un acuerdo de libre comercio con EE. UU. Poco antes de las elecciones estadounidenses, el Consejero Federal Albert Rösti dijo a estudiantes de secundaria que él personalmente se inclinaba por Trump. El tema de los aranceles probablemente sea mucho más que un accidente laboral, como demuestra una mirada a la historia: aunque Suiza siempre ha creído tener una relación privilegiada con Estados Unidos, esta creencia se ha visto desmentida una y otra vez. A Suiza le gusta verse a sí misma como una república hermana. ¿Acaso no fue el propio Trump quien la llamó “sister republic”? Esto es cierto si nos fijamos en la historia institucional de los dos paíEl documento que desató el pánico en Suiza: en la lista de países sujetos a aranceles punitivos que presentó Donald Trump el 2 de abril de 2025, Suiza se encuentra entre los más afectados. Foto Keystone Panorama Suizo / Julio de 2025 / Nº3 14 Economía
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