DENISE LACHAT Con vivacidad, Monika Bögli abre la puerta de su taller de costura en Neuenegg, en el cantón de Berna, haciendo ondear su falda de un azul luminoso; o, para ser más precisos, su Kittel, como lo llaman los entendidos, sobre el que lleva un delantal a rayas azules y verdes. Bajo el corpiño asoma una blusa blanca, adornada con un broche de filigrana, y en el cuello luce un pañuelo de seda negro finamente calado. Todo pareciera indicar que esta grácil mujer se dispone a salir de casa; pero nada más lejos de la realidad: Monika Bögli viste un traje tradicional bernés de trabajo. Con una sonrisa comenta: “Así es como las mujeres vestían antiguamente para ir al campo”. Las familias campesinas confeccionaban sus propias telas, generalmente de lana o lino, lo suficientemente resistentes como para soportar numerosos lavados. Un oficio que llena de orgullo El traje de Monika Bögli está confeccionado en su mayor parte con una tela mitad lino, mitad algodón, tejida a mano; ha requerido decenas de horas de trabajo: nuestra costurera calcula que se necesitan entre 50 y 70 horas para confeccionar un traje tradicional. Especialmente laboriosa es la confección del corpiño, con sus tres capas de guata, forro y tela, además de los adornos. Este minucioso trabajo, sumado a materiales como la seda, elaborados en parte de manera artesanal, tiene su precio: un traje de trabajo nuevo cuesta cerca de 2 200 francos, y un traje de fiesta puede alcanzar los 3 000; a ello habría que añadir la joyería de plata, cuyo valor mínimo es de 3 500 francos. Pero quien se pone un traje así se siente como una persona nueva: tan solo las varillas del corpiño confieren un porte diferente a la mujer que lo lleva. Monika Bögli se siente orgullosa y honrada con su traje: “Me viste y me queda como un guante”. La invención de una tradición El orgullo y la honra se entrelazan con la sensación de seguir preservando una tradición que se remonta a la época medieval... y que estuvo a punto de desaparecer en Suiza. Con el auge económico posterior a la fundación del Estado federal en 1848, se desarrollaron la industria, los medios de transportes, la tecnología y el comercio, y el trabajo manual corrió a cargo de las máquinas. Los suizos, sobre todo en las ciudades, empezaron a seguir las tendencias internacionales en materia de moda. No fue hasta finales del siglo XIX cuando resurgió el interés por la cultura popular y las costumbres. Entonces se empezaron a documentar y recuperar los antiguos trajes. A este renacimiento contribuyeron tres importantes eventos: la creación, en 1905, de la organizaTrajes repletos de historia y tradición Con agujas, hilo y decenas de horas de trabajo manual, Monika Bögli mantiene viva una tradición suiza en Neuenegg (cantón de Berna). Esta modista viste a sus clientas con auténticos “trajes tradicionales a medida”. ción “Patrimonio Suizo”, cuya misión es proteger el patrimonio cultural del país, el cual incluye no solo los edificios históricos, sino también la indumentaria tradicional. En esa época se comenzaron a confeccionar de nuevo los antiguos trajes, a partir de muestras históricas de diversos cantones. En 1926 se creó en Lucerna la Federación Nacional de Trajes Suizos (STV, por sus siglas en alemán), que este año celebra su centenario. El objetivo de la STV era reintegrar el traje tradicional —una prenda atemporal, sencilla y unificadora— en la vida cotidiana. Finalmente, en la Exposición Nacional de 1939, en Zúrich, se exhibieron en el Landidörfli trajes de todas las regiones del país, como distintivo de una Suiza fuerte e independiente en una época convulsa y como símbolo de patriotismo, cohesión social e identidad nacional. Hoy en día, el traje tradicional ya no se usa en la vida cotidiana, sino que se reserva para ocasiones especiales: las fiestas folclóricas, las veladas de entretenimiento, las bodas y los bautizos, así como los actos oficiales. Por ejemplo, en 2010, como invitada de honor de la Fiesta Federal de Trajes en Schwyz, la entonces Consejera Doris Leuthard, expresidenta de la Confederación, con su traje tradicional de Argovia durante la fiesta federal de trajes suizos de 2010. Foto Keystone Aquí se cose a mano: un ovillo de agujas y muestras de tela en el taller de costura de Monika Bögli. Y, por supuesto, no puede faltar el dedal. Foto Denise Lachat Monika Bögli lleva un traje de trabajo tradicional de Berna. El mandil rojo y el azul, colgados en perchas, están hechos de seda de damasco y forman parte del traje festivo de Berna. Foto Denise Lachat En Suiza existen 700 trajes regionales, que se diferencian por colores, cortes y adornos. En las imágenes pueden verse, en el sentido de las agujas del reloj: Appenzell Rodas Interiores, Toggenburg, Uri y San Galo. Foto cedida a la revista/Silvan Bucher Panorama Suizo / Abril de 2026 / Nº 2 12 Sociedad
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