DÖLF BARBEN En pleno centro de Mürren hay un rinconcito donde a los turistas les gusta detenerse para sacar fotos. Hoy también es el caso: una joven se echa primero la larga melena hacia delante y luego hacia atrás, con una sonrisa radiante ante un imponente telón de fondo. Su amiga la enfoca con el móvil. Por un lado se acerca una madre con su hijo pequeño: “Ten cuidado”, le dice al niño, “aquí no hay barandilla”. Quizá la advertencia sea excesiva, porque aquí el niño no corre peligro. Desde este mirador, un sendero desciende por una pradera escarpada. Un centenar de metros más abajo se llega a una valla de listones con un pequeño portal. Ahí está el borde del acantilado. El portal está abierto. Al otro lado de la valla se encuentra una de las plataformas de salto que utilizan los intrépidos base jumpers para lanzarse al vacío desde los peñascos, antes de aterrizar en paracaídas en el fondo del valle. Si uno se agarra a la valla con una mano y asoma la cabeza, puede echar un vistazo al abismo: aparcamientos, carreteras, casas y automóviles en las cercanías de la estación inferior del teleférico parecen irrealmente diminutos. Todo es increíblemente pequeño y, sin embargo, aterradoramente cercano. Un teleférico que atraviesa el tejado Mürren se encuentra en el valle de Lauterbrunnen, a corta distancia de Interlaken. El pueblo se alza sobre un acantilado vertical, que en algunos puntos sobresale en voladizo. Al menos en Suiza, no debe de haber ninguna otra localidad con una exposición tan extrema al vacío. Lo extraordinario de esta ubicación queda patente en su nuevo teleférico, el más empinado del mundo. Cuando arranca, parece que a uno lo están tirando hacia arriba por el pelo. En los teleféricos convencionales, las cabinas salen de la estación del valle Vivir al borde del precipicio Encaramado al borde de un vertiginoso precipicio, el pueblo de Mürren (cantón de Berna) es la meca del salto base y cuenta con el teleférico más empinado del mundo. ¿Cómo es la vida en este pueblo en la que se dan cita los extremos? por la parte delantera; pero aquí, parecen abandonar el edificio a través del tejado. Los cables portantes apuntan hacia arriba, como la aguja de un reloj que marca las once. La pendiente máxima alcanza un 159,4 %. Durante el trayecto, uno permanece pegado a la ventana, contemplando las peñas desnudas. De vez en cuando, alguna cascada se precipita hacia el fondo del valle. El teleférico salva 775 metros de desnivel en apenas cuatro minutos. James Bond en el restaurante giratorio Unos hermosos carteles antiguos celebran la espectacular ubicación de Mürren, jugando con esa sensación de vértigo: una diminuta aldea bañada por el sol, suspendida sobre un oscuro despeñadero. Para los lugareños, el abismo no parece ser motivo de especial preocupación. Describen “su” Mürren como el lugar más bello del mundo, evocan la tranquilidad que reina en sus calles sin coches, la gloriosa historia del turismo, el restaurante giratorio Piz Gloria en la cima del Schilthorn. Y, por supuesto, hablan de James Bond: en esta cima se rodó uno de los episodios de la saga “Al servicio secreto de Su Majestad”, la película que contribuyó a consolidar la fama mundial de Mürren. Pero del Kurt y Verena Huggler delante de su casa en Mürren. Kurt trabajó como hotelero y director de una agencia de turismo. Ambos practicaban el esquí de competición. Foto Dölf Barben ¿Más alto, más apartado, más rápido, más bonito? En busca de los récords suizos más originales. Hoy: Mürren, el pueblo donde se reúnen los extremos. El teleférico del Schilthorn es el más empinado del mundo: pareciera que las cabinas atraviesan el tejado de la estación para subir hasta Mürren. Foto Dölf Barben Panorama Suizo / Julio de 2026 / Nº 3 16 Reportaje
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