Panorama Suizo 3/2026

Algo parecido le ocurrió con el parapente, un deporte que practicó durante un tiempo. Cuando se lanzó por primera vez desde lo alto de la pared y se dio cuenta del inmenso vacío que había debajo de él, le invadió una terrible angustia. “Pero después de cuarenta vuelos, uno se acostumbra”. Lo mismo le ha ocurrido con el teleférico. El trayecto es espectacular. Pero hace tiempo que Sven von Arx ya no se queda junto a la ventana en la cabina: “Eso ya solo lo hacen los turistas”. Aun así, sigue fascinando por el borde del acantilado. Cuando vienen amigos de visita, suele llevarlos a la vía ferrata, un recorrido asegurado con cables a lo largo de todo el tramo que desciende por la pared del acantilado. “Es algo que hay que ver al menos una vez en la vida”, afirma. La vía ferrata pasa junto a una de las plataformas que utilizan los base jumpers. Von Arx piensa lo mismo que Kurt Huggler, nacido y criado en las montañas: “Cuando los veo saltar al vacío, me pregunto: ¿Cómo diablos se les ocurre hacer eso?” precipicio no habla nadie. Tendremos que insistir. Nos dirigimos, por ejemplo, a Kurt Huggler, de 81 años. Creció en Mürren, fue esquiador de competición, hotelero y director de una agencia de turismo. “Sí”, admite. “De chicos solíamos ir por allá muy a menudo”. Los niños lanzaban objetos al vacío, recogían flores raras o se sentaban al borde para contemplar el abismo. Por supuesto, no todo lo contaban a sus padres. Y cuando Kurt Huggler nos menciona el reto que a veces se proponían los chicos, no podemos menos que reprimir un estremecimiento de terror: se trataba de jugar al “cerdo colgado”, es decir, de colgarse cabeza abajo atando los pies a un tronco que sobresalía sobre el precipicio. Kurt Huggler nos tranquiliza: “Nunca pasó nada”. Quizá esto se debiera también a las advertencias de los padres. Estos contaban a los niños pequeños que en las rocas vivía un hombrecillo malvado, que con su gancho quería arrastrar a las chicas y a los chicos al abismo para devorárselos. Al escuchar a Huggler, uno empieza a comprenderlo: tiene una relación con el riesgo como solo los montañeros pueden tenerla. Huggler pasó gran parte de su vida escalando cumbres, pero advierte: “Jamás recorrería una ruta difícil sin asegurarme”. Esta mentalidad precavida explica también lo que piensa del salto base. Los habitantes de montaña son plenamente conscientes de los peligros; las familias dependen de todos y de cada uno de sus miembros, afirma. “No puedes permitirte caer al vacío y morir”. El propio Huggler rompe a reír cuando se le viene a la mente otro recuerdo, mucho menos heroico, de su convivencia con el abismo: “Antes tirábamos la basura directamente por el acantilado”. En aquella época apenas existía el plástico y tampoco había residuos orgánicos: “Los dábamos de comer a los cerdos”. Lo que acababa despeñándose eran las latas de conservas vacías, todo tipo de objetos voluminosos y, en una ocasión, incluso media máquina para hacer helados de un hotel. “¡Aquello fue todo un espectáculo!”, se acuerda. Los desperdicios no llegaban hasta el fondo del valle; quedaban atrapados en una cornisa rocosa y más tarde se cubrieron con tierra. Huggler dice con una sonrisa: “Habría que excavar allí alguna vez. Se descubriría mucho sobre la historia de Mürren”. “Esto hay que verlo” Cuando Sven von Arx, técnico de mantenimiento de edificios y concejal del ayuntamiento, llegó a Mürren hace seis años, quedó maravillado por la belleza y el entorno de este lugar. “Hasta el día de hoy no he salido de mi asombro”, dice el treintañero. Al principio, se preguntaba cómo se les había ocurrido a los primeros habitantes establecerse aquí arriba. Entretanto, se ha acostumbrado a esta ubicación fuera de lo común. Sven von Arx llegó a Mürren hace seis años y sigue fascinado por la ubicación del pueblo. Foto Dölf Barben La aldea de Mürren está encaramada en un acantilado de 800 metros que domina el valle de Lauterbrunnen. Sus habitantes están acostumbrados a vivir al borde del vacío. Foto Wikimedia La “Via Ferrata” cerca de Mürren Panorama Suizo / Julio de 2026 / Nº 3 17

RkJQdWJsaXNoZXIy MjYwNzMx