Panorama Suizo 3/2026

También existen subvenciones “ocultas”: por ejemplo, los economistas señalan los tipos reducidos del impuesto sobre el valor añadido (IVA), que se aplican directamente a las labores agrícolas, como la siembra o el arado, e indirectamente a los productos alimenticios: estas prestaciones están sujetas a un tipo de IVA de tan solo 2,6 %, ya que se consideran necesidades básicas. No obstante, dado que no todos los grupos de la población recurren a ellas en la misma proporción, esto genera distorsiones, ineficiencias e inequidades sociales: incluso los hogares con ingresos elevados se benefician de estas ayudas, ya que tienden a comprar alimentos más caros, por lo que pueden resultar aún más beneficiados que el resto de la población. En opinión de algunos economistas, la sobreabundancia de subvenciones y ventajas fiscales distorsiona el mercado, frena artificialmente el cambio estructural y tiene efectos negativos sobre el clima y el medio ambiente. Además, dudan que tales medidas permitan alcanzar una autosuficiencia amplia en situaciones de crisis. 5 ¿Es la comida una nueva religión? La Iniciativa sobre la Alimentación se propone reforzar la autosuficiencia y promover aún más los alimentos de origen vegetal. Este tipo de objetivo no tarda en encender acalorados debates. Y es que, en cierto modo, la alimentación se ha convertido en una especie de religión. No en el sentido de que ofrezca respuestas a preguntas existenciales, como si hay vida después de la muerte o de dónde venimos, sino en el sentido de que, para las personas que le dan gran importancia, forja una identidad que va mucho más allá de la alimentación. Adoptar una dieta vegetariana o vegana puede convertirse en una forma de vida susceptible de repercutir en muchos ámbitos, del mismo modo que, para algunos, comer carne se convierte en una postura política: están en juego el bienestar animal, la sostenibilidad, la protección del medio ambiente, el cambio climático, los estilos de vida y el individualismo —en suma, toda una visión del mundo centrada en la alimentación—. Ya no se dice “Como vegano, sino “Soy vegano”; o bien: “Soy carnívoro”. Y eso, a pesar de que no se trata sino de una de las innumerables características que definen a una persona. De ahí que las discusiones sobre preferencias alimentarias puedan volverse rápidamente delicadas. Otro paralelismo con la religión podría ser la ideología, que nos lleva a actuar según unas normas estrictamente definidas; en la religión, a esto se le llama dogmas. Al igual que la fe, la alimentación también puede generar un sentimiento de pertenencia comunitaria: nos identificamos con quienes comparten nuestra forma de ver el mundo y nos distanciamos de quienes piensan diferente. Hasta bien entrado el siglo XX, los matrimonios entre protestantes y católicos eran mal vistos por la sociedad y se consideraban casi imposibles. Hoy en día, hay veganos que se niegan a mantener una relación con una persona que coma carne. Algunos veganos están convencidos de que su dieta contribuye a salvar el planeta, mientras que algunos carnívoros se sienten con el derecho de comer toda la carne que quieran, ya que el ser humano siempre se ha alimentado con productos de origen animal. En ocasiones, los individuos que han optado por una dieta carnívora se defienden de aquellos que se alimentan de vegetales, porque les hacen sentir moralmente inferiores. Al igual que en el caso de las religiones, la comida suele asociarse con promesas de salvación: salud, pureza e integridad moral. De ahí que compartir una comida pueda en ocasiones resultar complicado. Panorama Suizo / Julio de 2026 / Nº 3 7

RkJQdWJsaXNoZXIy MjYwNzMx