STÉPHANE HERZOG Seguimos los pasos de la bióloga Cécile Auberson, que nos lleva a una zona de castores en Zumholz (Friburgo), en la ribera del Sense. “Es uno de los pocos ríos suizos que se ha conservado en estado natural”, explica esta colaboradora científica del Servicio Nacional de Asesoramiento “Castor”, de la fundación info fauna. En esta región, el río cambia constantemente de curso en función de la corriente, formando lo que los especialistas llaman un río trenzado. Bordeamos un pequeño afluente del Sense, el Dütschbach, pasando por pasarelas de madera. En esta área boscosa, donde la temperatura se mantiene en niveles agradables en períodos de calor intenso, llegamos a la orilla de una gran laguna. Mejor que los ingenieros Hemos llegado a un embalse típico de los castores, que crean sus territorios construyendo presas. “Se valen de sus pequeñas patas delanteras para colocar lodo al pie de las presas”, explica Cécile Auberson. No muy lejos de ahí vemos una madriguera habitada por una familia de castores. Saldrán tras la puesta del sol. ¿Por qué estos mamíferos crean zonas acuáticas? La respuesta es sencilla: los castores acceden a sus madrigueras pasando por debajo del agua, lo que los protege de sus depredadores, entre los que se encuentran el lince, presente en esta región, y, en otros lugares, el lobo o, incluso, el zorro. Estos mamíferos, que pueden permanecer bajo el agua hasta 15 minutos seguiLos castores restauran los humedales destruidos por el hombre Tras ser exterminados por su piel y su carne, los castores fueron reintroducidos en Suiza a finales de los años 1950. Sus presas crean embalses que captan el CO2, absorben los contaminantes y promueven la biodiversidad. Hemos recorrido su hábitat, en las orillas del río Sense. dos, necesitan un entorno acuático de al menos 60 cm de profundidad para sobrevivir. Construyen sus presas en lugares impredecibles, lo que a veces provoca inundaciones en carreteras y campos. El agua alivia parte del peso de los troncos, a veces enormes, que utilizan para construir sus viviendas. “Los castores moldean los humedales mejor que los ingenieros”, señala Marie Bessat, responsable del programa “Naturaleza en el campo” de la Oficina Cantonal de Agricultura y Naturaleza de Ginebra. La manera en que se percibe a estos animales ha cambiado radicalmente tras su desaparición completa del territorio suizo a principios del siglo XIX y las primeras reintroducciones a finales de los años 1950. Antes se cazaba a los castores por sus pieles (para fabricar sombreros), su carne y el castóreo (una secreción aceitosa utilizada como medicamento). Además, los castores han sufrido las devastadoras consecuencias de la intervención generalizada del ser humano en el medio acuático. La mayoría de los ríos, deltas y pantanos del país fueron drenados o modificados para dar cabida a cultivos y viviendas. Antes de estas obras, los cursos de agua se estancaban, debido a las numerosas presas de madera flotante construidas por los castores. Así lo relata el periodista estadounidense Ben Goldfarb en un libro publicado en 2018, que celebra el resurgimiento de los castores: “Más que un curso de agua, el río Skagit, en el estado de Washington, parecía un gigantesco aserradero flotante. Lejos de ser perjudiciales, estas acumulaciones de madera crean un hábitat excepcional para los salmones”, apunta. Los castores fueron exterminados por su piel. Su reaparición favorece la creación de humedales. Foto info fauna Panorama Suizo / Octubre de 2026 / Nº 4 24 Naturaleza y medio ambiente
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