Aunque el castor es difícil de avistar, en algunos casos la proximidad de su hábitat con los seres humanos reduce su nivel de vigilancia. Esto es lo que ocurre en Carouge (GE), cerca de la Isla de los Castores, un área protegida situada a orillas del Arve, donde se pueden observar, desde un puente, ejemplares de gran tamaño. Los castores se parecen a grandes marmotas con una cola ancha, que golpean sobre la superficie del agua para advertir de un peligro. En esta área protegida también se les puede ver nadando bajo el agua con asombrosa agilidad. www.revue.link/castor Aliados naturales Despreciado, cazado y menospreciado en su día, el castor ha vuelto. Su población en Suiza y Liechtenstein creció de unos pocos ejemplares en el momento de las primeras reintroducciones a cerca de 4 900 individuos repartidos en 1 402 territorios, según la Oficina Federal del Medio Ambiente (OFMA). Su presencia contribuye a detener el colapso de la biodiversidad en Suiza, provocado por la desaparición de los humedales, ya que más del 80 % de todas las especies animales de Suiza se concentran en las llanuras aluviales, según la OFMA. En este contexto, el castor se presenta como un aliado natural, que tiene además la ventaja de ser particularmente económico, teniendo en cuenta que el Gobierno federal destina 40 millones de francos anuales a la financiación de proyectos de revitalización y renaturalización de los cursos de agua. En la ribera del Sense, Cécile Auberson señala los árboles que se encuentran en el agua. “Aquí tenemos, tanto a la sombra como al sol, más nichos ecológicos que en cualquier otro lugar”, señala. Además, los humedales creados por los castores actúan como sumideros de carbono y metano que fijan estas moléculas en el fondo. También filtran los nitratos que provienen, entre otros, de las explotaciones agrícolas. Estos embalses contribuyen a recargar las capas freáticas y son capaces de mitigar los efectos de las fuertes crecidas. Esto es exactamente lo que necesita un país urbanizado como Suiza, donde la sequía supone una amenaza en verano. Tal y como ha demostrado un estudio de info fauna, las presas construidas por los castores hacen que la diversidad y la masa biológica se disparen. En término medio, su presencia se traduce en 2,6 veces más especies y 5,9 veces más individuos de esas mismas especies. “En los embalses que observo en la ribera izquierda de Ginebra han vuelto a aparecer los martines pescadores”, se alegra Marie Bessat. El problema es que el castor construye sus embalses de forma impredecible. Así sucedió, por ejemplo, en una zona industrial de Ginebra, en la orilla izquierda del lago Lemán, donde las presas de los castores provocaron inundaciones. La respuesta de los servicios públicos del cantón consiste en vigilar los niveles de agua y, en caso de subida repentina, bajar el nivel de las presas para evitar una entrada excesiva de agua, explica Marie Bessat. Para Cécile Auberson, el castor pone de manifiesto situaciones en las que la urbanización se ha llevado a cabo sin tener en cuenta el entorno natural. “Cuando se inunda una carretera, a menudo se observa que no se han respetado las normas de construcción que establecen una distancia mínima entre los cursos de agua y la carretera”, señala. Con el fin de prevenir futuros desajustes, el Servicio Nacional de Asesoramiento “Castor” ha organizado un simposio dirigido a los ingenieros civiles, para crear conciencia sobre estas cuestiones. La bióloga Cécile Auberson. Foto Stéphane Herzog Embalse creado por castores cerca del río Sense, en Zumholz (Friburgo). Foto Stéphane Herzog Panorama Suizo / Octubre de 2026 / Nº 4 25
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