Por supuesto. Estoy en contacto con las aseguradoras médicas, que también consideran imprescindible contar con un marco legal. ¿Cuánto podría ahorrar Suiza si se redujera el “turismo médico”? No conozco las cifras oficiales. Pero los médicos me cuentan que numerosos suizos regresan a su país para someterse a operaciones costosas. Se vuelven a dar de alta en Suiza, dependen en parte de la ayuda social y reciben prestaciones complementarias. En cuanto finaliza la intervención médica, se vuelven a marchar. ¿Con qué frecuencia ocurre esto? Estos casos no se registran. Lo que se puede comparar son los precios de los medicamentos, que varían mucho de un país a otro. Estos datos deberían recopilarse ahora, ya que serían una base sólida para el debate político. Todas las cartas que recibo se refieren a casos individuales. Me interesa mucho recopilarlos y mejorar sustancialmente el sistema actual. Hasta ahora, el Consejo Federal ha recalcado que el lugar de residencia es determinante para el seguro de enfermedad. Debería reconocer que los suizos residentes en el extranjero se encuentran en una situación particular. Otros países lo hacen. Francia, por ejemplo, ofrece a sus ciudadanos emigrados la posibilidad de asegurarse voluntariamente a través de la Caja de los Franceses del Extranjero, para que no pierdan su afiliación al sistema de seguros francés. En Suiza falta también más información: muchos ignoran que ciertos países, como Tailandia, Costa Rica, Brasil o Filipinas, no garantizan automáticamente a los extranjeros el acceso a su sistema de salud. Algunos argumentan que quien emigra decide voluntariamente prescindir de la cobertura sanitaria suiza. ¿Qué opina usted al respecto? Este argumento no se sostiene. Cualquiera que tenga un pasaporte suizo puede volver a Suiza en todo momento para someterse a una operación costosa. Son precisamente las personas que padecen enfermedades graves las que hacen uso de este derecho. Esto supone una carga para nuestro sistema. ¿Se ha deteriorado la imagen que se tiene de los expatriados? Sí. Llevo 15 años como miembro del Consejo de los Suizos en el Extranjero y he notado un cambio de actitud. Cada vez se escucha con mayor frecuencia que quienes se marchan de Suiza solo pueden culparse a sí mismos si pierden el derecho a las prestaciones. Eso me preocupa. En general, la mentalidad de «cada uno por su cuenta» ha ganado terreno. Lo que se olvida es que los 838 600 suizos residentes en el extranjero tienen derechos. No se debería tratar a los expatriados como ciudadanos de segunda clase. Las personas mayores se están marchando de Suiza porque ya no pueden costearse vivir allí. Se merecen un trato justo. ¿Cómo evalúa las posibilidades de que prospere su petición? En todos los grupos parlamentarios hay representantes sensibles a la problemática de la Quinta Suiza. Por eso soy optimista. Es cierto que podrían pasar aún varios meses antes de que se debata mi propuesta. Pero es fundamental que este tema siga figurando en la agenda política. ¿Consideraría zanjado el asunto si su propuesta se rechazara? Permaneceré en primera línea de la lucha política y seguiré dialogando con las aseguradoras médicas privadas. Como ya he dicho, las autoridades deberían informar mejor a la población: muchas personas que emigran subestiman lo difícil y costoso que puede ser contratar un seguro médico. También sería necesario que los consulados y las organizaciones de suizos en el extranjero asumieran su responsabilidad ofreciendo servicios de asesoramiento. Un equipo de trabajo del Consejo de los Suizos en el Extranjero lleva ya un tiempo encarando esta problemática. ¿Qué está haciendo actualmente? Tenemos previsto encargar nosotros mismos un estudio sobre este tema y ya nos hemos puesto en contacto con algunas universidades. Pero, en realidad, le correspondería a la Confederación tomar cartas en el asunto. Cuando se pierde el seguro médico básico Quien vive en Suiza tiene la obligación de contratar un seguro de enfermedad, independientemente de su nacionalidad y su estatus de residencia. Pero quienes emigran pierden esta cobertura obligatoria, con excepción de los empleados de la Confederación y las personas enviadas al extranjero por su empleador. En los países de la Unión Europea (UE) y de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), quienes emigran suelen encontrar alternativas de cobertura equivalentes, en virtud de los acuerdos bilaterales. Su situación es más complicada en terceros países como Brasil o Tailandia, donde tienen pocas posibilidades de acceder al sistema público de salud. Por ello, se ven obligados a contratar un seguro médico privado. Para los y las jóvenes sin enfermedades preexistentes, esto no suele plantear mayor dificultad. Sin embargo, a partir de cierta edad o cuando ya existen problemas de salud, las aseguradoras se muestran más renuentes: tienen poco interés en asegurar a clientes susceptibles de generar elevados costes sanitarios. En estos casos, pueden excluir determinadas prestaciones o simplemente rechazar la solicitud de afiliación. Además, ajustan las primas al riesgo individual y tienen derecho a rescindir los contratos de seguro en cualquier momento. “En particular, los suizos de mayor edad residentes en el extranjero pueden verse en situaciones dramáticas”, denuncia la Consejera Nacional del Centro Elisabeth Schneider-Schneiter en la entrevista. Aunque estas personas hayan pagado durante décadas sus cotizaciones al seguro básico obligatorio antes de emigrar, al trasladarse al extranjero dejan a menudo de contar con una cobertura suficiente, señala la política. En el peor de los casos, se les puede negar un tratamiento médico, insiste la diputada. “Esto contradice el principio de solidaridad”. A finales de 2025, alrededor de 838 600 ciudadanos suizos vivían en el extranjero, de los cuales 357 063 residían fuera de la UE y la AELC. (ERU) Panorama Suizo / Octubre de 2026 / Nº 4 29
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